Desayuno en familia / Roger Rosenblatt

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Desayuno en familia narra, desde el punto de vista de un abuelo, como logra una familia sobrevivir a una de las mayores desgracias que le pueden ocurrir: la muerte de la madre.

Como madre, os diré que, al ser madre, te conviertes en una persona miedosa: te da miedo que les pase algo a tus hijos, eso sobre todo; pero también te da mucho miedo que te pase algo a ti. No por ti, sino por tus hijos. Porque cuando ves la relación que se establece entre una madre y su hijo, te da muchísima pena los niños que, por cualquier cosa, han tenido que crecer sin madre. Creo que siempre es una desgracia perder a tu madre pero, a edades muy tempranas, supone la falta de algo irreemplazable: la vida, tras ese horrible hecho, no puede nunca volver a ser igual. Al hilo de esto, una vez me comentaba una médico forense, hablando de las incapacitaciones de personas ancianas por Alzheimer, que una de las preguntas que les solía hacer era cuál era el nombre de su madre. Y, curiosamente, me dijo, por muy mal que estuviesen, aunque hubiesen olvidado el nombre de sus hijos, o su propio nombre, raro era el que no se olvidaba de cómo se llamaba su madre.

Por eso, me atraía mucho este libro pero, al mismo tiempo, me daba miedo: ¿me haría sufrir demasiado? Afortunadamente, no ha sido así por lo que os digo que podéis leerlo sin miedo. Es un libro duro por el transfondo, claro, pero no por cómo se narra. Es una narración esperanzadora y optimista; Roger no se revuelca en su dolor sino que siempre sigue adelante, por el bien de los pequeños, lo que hace de la novela un canto al positivismo y la esperanza.

El libro no tiene división en capítulos sino que es, todo él, una narración seguida; no obstante, hay como diferentes escenas separadas por un par de líneas en blanco. Cada una de estas escenas es corta, una cara, dos o tres a lo sumo, lo que hace que el libro se lea fácil y rápidamente.

La historia está narrada por el propio Roger; no es un diario pero parece algo así como unas memorias. Por lo que parece, Roger empezó a publicarla, en forma de artículos en The New Yorker. Fue tras el éxito entre los lectores, que se tomó la decisión de publicarla en forma novelada.
El estilo es muy directo, a veces parece un tanto  periodístico. Frases cortas, sencillas y directas, sin grandes aspavientos. La mayor parte es narración aunque también hay diálogo. Roger cuenta anécdotas de sus nietos porque, realmente, el libro se centra en ellos. Tanto su padre como sus abuelos se vuelcan en ellos e intentan hacerles una vida lo más bonita posible. No hay que olvidar que ellos también han perdido a una de las personas que más querían: su esposa y su hija pero, dejan su dolor aparte, para intentar que la situación afecte lo menos posible a los pequeñajos. Aunque, por supuesto, a veces el dolor encuentra un resquicio para aflorar. A través de las anécdotas y los recuerdos de Roger, vamos conociendo a Amy, la cual se nos desvela como una gran persona: inteligente, médica, madre amantísima, esposa, amiga de sus amigos, animosa, siempre alegre…, no se merecía morir a los 38 años de un fallo en el corazón que se da en poca gente y que, cuando se da, no suele ser mortal. Pero en su caso lo fue y quedó muerta en el suelo del salón. Fueron sus dos hijos mayores quienes la encontraron y avisaron al resto de la familia. Hijos que van procesando la muerte de su madre como pueden: pensando que volverá el pequeño, echándola de menos los otros dos, con miedo de que se vaya cualquier otro miembro de la familia y no vuelva… Pero, repito, nunca con un tono lacrimógeno. De hecho, yo que soy una llorona, sí que lloré un poquito al principio de la novela al conocer cuáles eran las circunstancias pero luego el tono narrativo hizo que no soltase ninguna lagrimilla más…

Conclusión final

EL libro me ha gustado mucho. Me ha gustado el tono contenido del autor: Roger no recurre a la lágrima fácil (lo tendría chupado) y lo único que pretende es contar cómo, entre todos, se ayudaron a superar la muerte de Amy. Siempre pensando, por supuesto, en el bien de los pequeños.

Me ha encantado esta familia. Los niños son encantadores y sus ocurrencias aportan los momentos más tiernos e, incluso, alguno divertido. Me ha gustado mucho el padre, un hombre como debe ser y el papel de los abuelos. También el del resto de la familia: los hermanos de Amy, los otros abuelos… y el papel de la comunidad en general. Todo el mundo: compañeros de colegio, padres de amigos, profesores, amigos de Amy y Harris…, todo el mundo se vuelca en ayudar a la familia demostrándoles que no están solos.

Dentro de la desgracia que supone perder a una madre, al menos estos niños no están solos y están arropados con muchísimo cariño y dedicación.

En definitiva, un libro tierno y  sensible que he leído muy a gusto.

© LKY

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